viernes, 28 de enero de 2011

DICHOS “GRACIOSOS” DE LOS PADRES DEL DESIERTO




1. ¿Qué es un filósofo? – Un sabio vino un día a visitar a Abba Zenón y le pregunta: me puedes decir que es un filósofo? – el filósofo es como un ciego, responde el anciano, que busca en una habitación oscura, un gato que no existe. ¿Y el teólogo? –El teólogo es la misma cosa, pero con la diferencia que alguna que otra vez, encuentra al gato.



2. El que diga la mentira más grande. –Abba Filemón se da cuenta que está muy lejos del camino de la perfección y caminado por la plaza de un pueblo ve a unos niños que juegan con alegría, se acerca y les pregunta: ¿Qué juego es éste, hijos míos? Le responden: Jugamos al que diga la mentira más grande. –Oh, en mi tiempo no se jugaba esto. –Eso! Has vencido, Abba, exclamaron en coro.



3. Jonás y la ballena. – Un hombre que lo tenían por necio, un día fue a molestar al anciano y le dijo: Abba, tu que eres tan inteligente, puedes decirme, ¿sí es posible que Jonás halla podido quedar vivo después de estar tres días en el vientre de la ballena?- No lo sé, pero yo mismo se lo preguntaré cuando lo vea en el cielo. –¿Y si acaso estuviera en el infierno? En ese caso, tú se lo preguntas.



4. ¿De qué murió? –Abba Isaías vivía en tanta pobreza y ayunos que a la hora de la muerte, un monje preguntó: de qué había muerto Abba Isaías, lo que el anciano respondió: -No lo sé. Ni tampoco sé de qué había vivido.



5. –Tres ancianos se encontraron después de mucho tiempo. Eran avanzados de edad y hablaban de la salud. – A mi me faltan los dientes, dice el primero, tengo que mojar el pan en agua para poderlo comer. –A mí, en cambio, me falta la saliva y debo tomar una pizca de sal en la boca, antes de cada bocado. –El tercero dice: a mi no me faltan los dientes ni la saliva, pero ésta mañana el hermano que me asiste me ha dicho: Abba, el sol ha salido y tu has comido ya tres veces. Este es mi problema: he perdido la memoria.



6. ¿Por qué el perro tiene tantos amigos? – Un anciano viendo un perro, hizo esta reflexión: El perro tiene amigos porque mueve la cola en vez de la lengua.



7. Un asno que habló- Un día de mucho calor, en el desierto de Nitra, un monje caminaba fatigosamente llevando un asno de la cuerda y a la vez arrastrando una carreta. Llegó el momento en que no podía seguir y extenuado dijo: Jamás me había tocado un calor semejante en mi vida, dijo en alta voz. El asno dijo: Ni a mi tampoco. Cosa rara, dijo el monje, es primera vez que oigo hablar a un asno. Yo también, es la primera vez que oigo, dijo la carreta.



8. Una grande idea de si mismo. – Un hermano fue a encontrar a Abba Zenón el solitario y le dijo: -En el mundo he conocido un hombre que tenía una gran idea de si mismo. –Sí, ciertamente, responde Zenón, cuando uno tiene una gran idea de uno mismo es la única idea grande que tiene.



9. ¿Quién es Dios para ti? -Abba Ulises, un anciano lleno de dulzura, era muy amado de los niños del pueblito vecino. De vez en cuando, venían a su celda y se tiraban al suelo, hasta que el anciano salía y les hablaba. Un día les predicó largo sobre Dios y de la belleza de la creación. Al final les hizo algunas preguntas. Dime Daniel, ¿quién es Dios? Respondió: Dios es aquel que me ha creado. Muy bien. ¿Y para ti Jacob? Dios es mi padre. Es una respuesta muy buena. Y para ti Elí? ¿Quién es Dios? Respondió: es el padre de Jacob.



10. Vamos a litigar. – Dos monjes vivían en mucha armonía. Un día uno de ellos dijo: Pongámonos a litigar como hacen los mundanos. Le contestó el otro. Yo no sé qué es litigar. Es así: Yo pongo en medio ese ladrillo y digo: Esto es mío y tú respondes: No, es mío. Empezaron. Coloca el ladrillo en la mitad y dice: Esto es mío. El otro responde: No, es mío y dice el primero: Si es suyo, cógelo y vete en paz. Y no lograron litigar.



11. En una celebración litúrgica, el predicador hizo la homilía. Al terminar un anciano pregunta a otro: -¿Qué piensas del predicador? Se parece a Abba Antonio. –Pero Antonio no era predicador. Precisamente eso quería decir.



12. El trabajo es muy bello. –Un anciano dice: “Para un monje el trabajo es la cosa más bella. Por eso debe dejar algo para el día siguiente.



13. – Un día alguno le dice al gran Antonio: Eres el más grande monje de todo el Oriente. Y respondió: “Ya me la había dicho el diablo.”



14. Murió por la patada de un asno. – Sobre la tumba de un monje fue colocada una lápida que decía: “Aquí yace en paz, Abba Simeón, muerto por la patada de un burro. Sus hermanos sienten todavía gran dolor."



15. Una cena inesperada. – Un obispo visitaba a los monjes. Besarión le preparó la cena. El obispo le dijo: Espero que no tuvo necesidad de matar el gato para darme esta libre…No mi querido pastor, aproveché y maté la guagua que se comía las gallinas.



16. Un visitante preguntó por el Abad y uno le respondió: Acaba de salir al corral de los cerdos para llevarles la comida. Lo puede distinguir fácil porque lleva un gorro en la cabeza.



17. Una celda muy pequeña:-un anciano mostró a un novicio la celda que la habían destinado y le dijo: Aquí han vivido célebres Abbas como Pombo, Silos, Efrén, Prócoro y Eulises. El novicio sorprendido dijo: ¿Pero cómo pudieron caber tantos ancianos en una celda tan estrecha?



18. En el desierto de Scete. – Un monje corría asustado y le dijo al anciano Serapión: No sabes el susto que tengo. ¿Qué te ha pasado? –Iba caminando cuando ví en el camino un ramo seco y creí que era una serpiente, y por eso te asustas? Sí, porque agarré el ramo seco y era una serpiente de verdad.



19. El perro que se comió una gallina. – Abba Paco tenía un perro que lo seguía a todas partes y un día mientras caminaba por el campo, se le acerco un vecino y le dijo: Ese perro se me comió hoy una gallina. Y el monje le dijo: haces muy bien en decirme. Así esta noche no le daré comida.



20. Dormía con animales. – Abba Ciro dormía con cabras, conejos, gallinas y otros más. Un día le dijo un amigo: No sabes que dormir con animales es peligroso para contraer una enfermedad? El anciano respondió: Hace mucho que duermo con ellos y hasta ahora no se me ha enfermado ninguno.



21. Cuando se muera uno de los dos. -Un día un monje que vivía con otro le dijo: Hermano, cuando uno de los dos se muera, yo me volveré para el monasterio de Scete.



22. Un monje que se perdió. – Abba Heraclio y Agatón, eran venerables ancianos de un monasterio sobre las riveras del Mar Rojo y un día se fueron a pescar por la necesidad de alimento. – Ya muy tarde regresó Heraclio con un gran pescado que difícilmente podía arrastrar. Los hermanos se acercaron y muy contentos, exclamaron: Qué gran pescado has traído. Y el anciano respondió: mucho más grande era el pez que se tragó al hermano Agatón.



23. ¿Cómo es su temperamento? – Un anciano del Monasterio de Siria, escribió a otro monasterio y la carta decía: ¿Ha venido de allá el Hermano Eulalio que ha estado allá por un tiempo. Ruego el favor de decirme, ¿es de carácter estable? Después de dos meses, recibió una corta respuesta: Es totalmente inmóvil.



24. Era muy perezoso. -Los padres del desierto trabajaban mucho, pero no faltaba algún perezoso. Un día el Abba dijo al monje: Tengo que salir: Te recomiendo, si ves a un hermano que hace pereza ayúdale.



25. Si no se ríe no es serio. -Dijo Abba Querubín: “No me hables nunca de un monje que jamás se ríe. Ese no es un monje serio.



26. No eches la culpa al espejo. – Es tan feo el mundo, dice un hermano al anciano, que muchas veces me siento feo yo también. Le dice el anciano: “Si tienes esa cara así, no le eches la culpa al espejo.



27. Cuando se termina la cena. -Los hombres son ingratos porque terminada la cena, ya no se aprecia la cuchara.



28. Sirve más tu ausencia. – Un hombre que molestaba mucho a Abba Macario con sus impertinencias, un día le dijo el santo: “Nunca tu presencia estará a la altura de tu ausencia.”



29. Nunca se bañaban. Los padres del desierto vivían muy rústicamente y se bañaban muy poco. Un día Abba Sofronio por orden del médico fue obligado a ir a Alejandría a bañarse. A su vuelta dijo al hermano que le asistía: Ha sido una tortura esa tarea y para colmo de males he perdido la camisa en el baño. Dos años más tarde el médico le ordenó de nuevo ir a Alejandría para el baño y al regresar dijo al hermano con alegría: He logrado encontrar la caminsa. Y dónde, le pregunta el hermano. La tenía debajo de mi franela.



30. He soñado que estaba en el paraíso. -Un anciano tenía como compañero un monje que lo hacía sufrir mucho. Un día le dijo el anciano: Hermano, esta noche he soñado que estaba en el paraíso. Y el hermano le pregunta: ¿Y yo también? No. Precisamente por eso me convencí que estaba en el paraíso.



31. Aquí reposa Abba Celio. – En la tumba de abba Celio fue colocada una lápida que decía: “Aquí reposa Abba Celio, cuyo cuerpo fue sepultado en Alejandría.



32. No a todos les gusta el dulce. -Vivía un monje muy trabajador con uno muy perezoso que prefería a tranquilidad de no hacer nada. Un día le dice al perezoso: Hermano, el trabajo endulza la vida y el otro le respondió pero no a todos les gusta el dulce.



33. Dice Abba Arsenio acerca de los que beben para olvidar: El daño mayor le viene cuando empieza a tomar para olvidar, pues se le olvida el momento en que debe terminar.



34. Compromiso de no dejarlo hablar. -Un día viene del mundo un hombre muy hablador y busca a Abba Macario. El portero le dice: Lamento mucho pero hoy Abba Macario está muy ocupado y no puede hablarle. Responde el visitante: Le aseguro hermano que en cuanto a mi toca, no lo dejaré hablar ni una palabra.



35. Un hermano que se quejaba mucho. – Un hermano acudía a su Abba para decirle: “Siento dolores en todo el cuerpo…Otro día: siento calambres y fiebre.

Otro día: me muero de esta gripa…Por un tiempo no volvió a aparecer, hasta que regresó y el Abba le preguntó: ¿Qué te ha pasado que no habías vuelto? –Era que estaba muy enfermo.



36. Peligro de acabarse las enfermedades. -Abba Eustacio, que además de ser un hombre de Dios, era también médico naturalista con gran fama, tenía en su celda un laboratorio y un día dejó de trabajar. Abba Macario le pregunta por qué ha dejado de crear nuevas medicinas y le responde: He inventado muchas y los médicos no han tenido tiempo de inventar nuevas enfermedades.



37. Un grande pescador y astrólogo: Abba Fulgencio vivía en una celda en las cercanías del Mar Rojo y era un hábil pescador, así llevaba a los hermanos alimento diario. Además era célebre astrólogo. Un día no fue a pescar, ni al día siguiente. Alarmados los hermanos le preguntan y dice: No voy a pescar ahora porque el horóscopo dice para esta semana: “Días excepcionales de fortuna para los peces.”



38. Un monje quería escribir un libro y el anciano le dice: Recuerda hermano que el papel es paciente, pero el lector no.



39. ¿Para qué sirve el horario? –En un monasterio un anciano dice: No entiendo para qué sirve un horario si los monje siempre llegan retardados. Uno le respondió: ¿Cómo sabes que vienen retardados si no hubiera un horario?



40. El dinero no lo puede todo. –Dice el anciano: Quien piensa que con el dinero se puede hacer todo, haría de todo para conseguirlo.



41. No se puede sentar más alto. –A un hombre que era poderoso y el primero en todo, una vez le dice el anciano: podrás vivir muy elevado pero nunca podrás sentarte más alto de tu propio sentadero.



42. La joya más bella. – Dice el monje: el silencio es la joya más bella de la mujer. Por esto la saca a relucir raramente.



43. Uno que robaba en las tumbas. – Un nómada fue sorprendido cuando robaba en una tumba y fue llevado ante el Abba Sisoé que le dijo: ¿Cómo te atreves a violar una tumba con el robo? Y respondió: Yo nunca acostumbro robar a ningún ser vivo.



44. Abba Filemón dice: “Aquellos filósofos que creen a la lógica absoluta, nunca han probado el discutir con una mujer.”



45. ¿Qué dice el anciano cuando se da un golpe? – Un monje estaba reparando el techo de su celda y pasó un joven y se detuvo. El anciano le pregunta, qué esperas? Sólo quiero oír lo que dice un anciano cuando se golpea un dedo.



46. Una jirafa con mal de garganta. –A un monje que se lamentaba mucho, Abba Macario le dice: ¿Te sientes mal? Piensa en la jirafa cuando está con mal de garganta o a un cien pies con callos.



47. A un anciano que todos los días iba por el agua a una gran distancia, le pregunta un joven: Me imagino el dolor de cabeza que padeces por ese continuo viaje a lomo de mula para traer el agua. Y el anciano le responde: No siento dolor de cabeza sino todo lo contrario: una gran dolor en el lugar opuesto a la cabeza.



48. En Alejandría vivía el médico Foción que atendía al monje enfermo y le preguntó: ¿Has consultad a otro médico antes de venir aquí? Sí, fui al médico Istorión. ¿Y que idiotez te ha aconsejado? Que viniera donde usted.



49. Le aconsejaron que se bañara. –En Gabala, el anciano estableció que todos los monjes se bañaran una vez al mes. El viejo monje Tato, conocida la orden, dijo: En mi tiempo, la gente no era tan sucia.

50. Dale esa moneda al pobre anciano. –Abba Serapión tenía una moneda de plata y le dijo al joven: Da esa limosna al primer anciano que veas. Más tarde regresó y el anciano le dijo: ¿Has hecho el encargo con un pobre anciano? Sí respondió, era un viejo muy pobre que tenía mucha necesidad de vender dátiles y dulces.



51. Ese camino lo conocen hasta los burros. – Abba Calixto iba a Esmirna en un largo y solitario camino. De pronto se encontró con un caminante y le preguntó por el camino para ir a Esmirna. Y él le respondió: Ese camino lo conocen hasta los burros. Precisamente por eso, se lo estoy preguntado a usted.



52. Mucho frío en los pies. –Escribe el Abad Daniel: hasta aquí te escribo porque tengo tanto frío en los pies que no alcanzo a tener el lápiz en las manos.



53. Ninguno la prestaba atención. – Un hermano se acercó al anciano y le dijo: Estoy muy triste porqué ninguno me presta atención. El anciano le dijo: Excúsame, ¿qué es lo que me dices? Estaba pensando en otra cosa.



54. La inutilidad del primer diluvio. – En el desierto de Scete empezó un gran temporal y un joven preocupado pregunta al anciano: ¿Abba, no será esto un nuevo diluvio? El anciano le responde: No puede ser, porque la inutilidad del primer diluvio impide a Dios de mandar otro.



55. Un secretario muy lento. – En un monasterio el secretario era muy despacioso en los trabajo. Un monje viene al superior y se queja de que todos están atrasados en sus trabajos por la lentitud del secretario. El superior le aconseja: Confíalo al monje Eufronio, el anciano que es tartamudo.



56. Tenemos dos oídos y una boca. – Dice el anciano: Dios nos ha dado dos oídos y una boca a fin de que no digamos ni la mitad de los que oímos.



57. Cómo debe ser la homilía. –Le preguntan al anciano: ¿Cómo debe ser la homilía? Y le responde: Debe tener un buen inicio y un buen final. Y debes cuidarte de que el inicio y el fin sean lo más vecinos posible.



58. El beato Daniel de Scete que de joven se sentía indeciso para dedicarse a la ciencia o a Dios, huyó al desierto el día que oyó a un célebre maestro de Alejandría que decía: El calor dilata los cuerpos, y es por eso que en verano los días son más largos que en invierno.



59. ¿Cómo es el pasado? – A un hermano que lloraba el pasado, el anciano le dice: El pasado es un huevo roto, el futuro es un huevo para encubar.

60. No se puede dar mucha comida. – Dice el anciano: Si les das a los cerdos y a los hermanos todo lo que se quieren comer, tendrás buenos cerdos y malos monjes.



61. Un monje estaba orando cuando tocó a su celda un peregrino para preguntarle cuál era el camino para Alepo. No lo sé, pero le puedo indicar el camino para el paraíso. El viandante le dice: y ¿cómo puedo fiarme de quien conoce una vía que conduce tan lejos e ignora la que conduce cerca?



62. Abba Moisés caminaba por una lejana región y al acercarse a un caserío vio que celebraban unas solemnes exequias de un jefe ricamente vestido. Pregunta: qué religión tenía. Era un ateo y dice: Qué disparate, llevar tan lujosos vestidos y no tener para donde ir…



63. No se puede servir a dos señores. –No pocas veces los padres del desierto se encontraban en las tribus nómadas.



Un día vino uno de allí y le pregunta al anciano: Quiero convertirme al cristianismo, ¿qué dejo hacer? Si tienes dos mujeres debes dejar una. Pero dígame ¿dónde dice el Evangelio que no puedo tener dos? Y el anciano le dice: Nadie puede servir a dos señores.



64. Dice el anciano: -Quien te ha ofendido, difícilmente se animará a perdonarte. Otro dice: si rechazas una alabanza, es quizá porque deseas recibir dos.



65. Te están volviendo muy desmemoriado, le dice un hermano al anciano: Lo sé, y por eso tengo el gusto de gozar de cosas como si fueran por primera vez.



66. ¿Quién comete errores? –Casi siempre, dice el anciano, comete errores aquel que pretende no querer nunca cometerlos.



67. La virtud está en el medio. –Dos ancianos querían juzgar a un hermano y el diablo se sentó en medio de ellos y les dijo: La virtud está en el medio.



68. Lo que falta a muchos. –A muchos creyentes, dice el anciano, sólo les falta la verdadera fe.

69. ¿Por qué se llama “Santo” el matrimonio? Porque cuenta con muchos mártires.



70. Sacrificio y oblación. –¿Qué diferencia hay entre sacrificio y oblación? Y el anciano responde con una comparación: En una cocina preparan una cena. Tienen carne de cerdo y huevos. Para el cerdo se trata de un sacrificio y para las gallinas de una oblación.



71. Hablan mucho pero no dicen nada. -¿Por qué estás siempre en silencio? Pregunta el joven al anciano. Primero por disciplina y luego porque son muchos los que hablan y hablan y no tienen nada para decir.



72. Para quien cree y para quien no cree. –Abba Isarco dijo: para quien cree, no existen preguntas. Para quien no cree, no existen respuestas.



73. Comparaba la homilía a la hierba: - Predicó el anciano sobre la creación y se hizo muy largo hasta que terminó diciendo: toda hierba es una homilía para los que comprenden. Unos días después estaba cortando las hierbas delante de su celda y un joven le dijo: Me alegro, porque estás recortando las homilías.



74. Para ser profeta. –Un anciano de Scete tenía el don de profecía. Muchos acudían a él, hasta que dejó de profetizar. ¿Porque has dejado de profetizar? Porque para ser profeta bastaba ser pesimista.



75. Pregunta un caminante: ¿Cuál es el mejor camino para ir a la capital? Y el anciano le responde: cualquiera de las dos vías, pero siempre pensarás en no haber escogido la otra.



76. El monje pide el puesto del que murió, pero el anciano le dice: Está bien pero me parece que eres mucho más alto que él y no puedes entrar en la tumba.



77. ¿Por qué mató el perro?

–Un monje de Scete fue citado al juez por haber matado un perro con una barra de punzón. ¿Cómo ha hecho esto, usted que debe ser modelo de mansedumbre? Hubiera podido usar el punzón por la parte del mango y no haberlo matado. Lo hubiera hecho si el perro me hubiese atacado con la cola y no con los dientes.



78. Dice el anciano al hermano:

-Cuando uno dice: yo soy humilde, seguramente no lo es. Pero cuando dice: yo no soy humilde, es por que lo es. Por ejemplo, yo no soy enteramente humilde.



79. Enfermo sin nada grave.

-Abba Pedro estaba para morir y fue al médico. Después de un detenido examen, le dijo el médico: Puede irse tranquilo que no tiene nada grave. El monje le dijo: Gracias doctor, porque me permite morir sano.



80. Un joven, recién convertido, le pregunta al anciano: Ahora debo renunciar al mundo y el monje le dice: Es el mundo el que tendrá que renunciar a ti.



81. Vivía en Alejandría un obispo que anteponía el estudio al cuidado de las ovejas. Un día viene un fiel a buscarlo y el secretario le dice: No puede atenderlo porque está en un estudio urgente. El visitante dice: no será posible tener un obispo que haya terminado sus estudios?



82. Los misioneros pasaban grandes peripecias

-Uno de ellos se perdió y fue devorado por los caníbales. Un anciano que oyó la historia dijo: Esos pobres salvajes han saboreado, al menos por primera vez, el gusto de nuestra religión.



83. Un buen hijo dejó su familia y huyó al desierto con los monjes. Un día recibió un mensaje de su casa: Alejo, vuelve a tu familia, no hagas lo imposible. Detrás del mensaje había una nota que decía: Si resuelves regresar, avísanos con tiempo, porque tu habitación está alquilada.



84. Un monje pide a otro un sorbo de vino y el hermano le contesta bruscamente: acaso tengo cara de ebrio. Y el otro le dice: excúsame, en verdad no tienes cara de ebrio pero sí de vinagre.



85. Un huésped llegó al monasterio a meditar sobre la caducidad de la vida y pidió al anciano que le consiguiera una calavera. Al rato el anciano le trajo dos y le dice puedes redoblar tu piedad. Esas dos calaveras son de San Antonio; la una cuando estaba joven y la otra cuando ya era anciano.



86. Un grupo de no creyentes vinieron a saludar al anciano y éste les dijo: El peor momento para un ateo es cuando siente la necesidad de agradecer y no sabe a quien.



87. Abba Isaac de vez en cuando iba a predicar a Antioquía y el hermano al regresar le dice: ¿No le viene la tentación de vanagloria al ver esa multitud que lo oyen con tanta devoción? No, respondió Abba Isaac, pienso que si fuese crucificado la multitud sería diez veces más.



88. Un hermano se durmió cuando el anciano predicaba y dice: Continuaré cuando despierte. Pero un hermano le dice: Siga tranquilo, que él despierta cuando usted termine.



89. Un joven quería ingresar al monasterio y fue interrogado por el Abba: Díme, ¿si tienes tres monedas de oro, las podrías dar a los pobres? De todo corazón, respondió. Y ¿si tuvieras tres monedas de plata? También la daría y ¿si tienes tres monedas de cobre? No, porque eso es lo que tengo.



90. El grande Antonio dijo un día: Los hombres se dividen en tres categorías: los envidiosos, los orgullosos y los otros. Casi nunca he encontrado a los “otros”.



91. Dice un día Abba Pombo: Lo poco que sé se lo debo a mi ignorancia."



92. Perro que ladra no muerde. – Un hermano fue al anciano y le tocó la puerta y sintió a un perro ladrar fuertemente. El anciano dejó sentir su voz y le dijo: Adelante. ¿Y el perro? Tranquilo que perro que ladra no muerde. Sí, conozco el proverbio pero dudo que el perro lo conozca.



93. Cuando estaba próximo a la muerte San Antonio y hermano le decía: Tú has sido grande como Moisés. Antonio abrió un ojo y le dijo: En la otra vida, Dios no me dirá: Porqué no has sido como Moisés, sino porqué no has sido Antonio.



94. Decía un santo anciano: Yo no sé orar. Me limito a dar los buenos días y las buenas noches a mi Señor. Le doy mis cumplimientos.



95. Abba Poemen, cuando le preguntaron acerca de la oración, dijo: Ninguno puede hablar de oración si no ora y si ora, no tiene necesidad de hablar.



96. Yo no soy sincero, dice el hermano al anciano. ¿Hasta qué punto, le pregunta éste? Le responde: No soy sincero ni siquiera cuando digo que no soy sincero.



97. Dice un hermano al santo anciano: Quiero seguirte en tu santidad y él le responde: Déjate, que prefiero ser superado que seguido.



98. Dice un anciano al joven a propósito de las cosas de la vida. todos los vicios, cuando se vuelven moda, pasar a ser virtudes.



99. En una disputa, el joven fue al grande Daniel. Le dijo: yo trato de ser imparcial. El anciano le dice: Ser imparcial es ser inmediatamente sospechoso.



100. Un hermano pregunta al grade Atanasio: ¿Qué hago Padre? Continúo cediendo a las pasiones, un día y otro…¿qué me aconsejas? El beato Atanasio le responde: Quien quiere ser como el perro, siempre encuentra su hueso.



101. Se presentó un hombre del mundo que quería ser monje. ¿Y por qué quieres ser religioso? Porque sufro mucho. Siéntate y hablemos. Pero al momento salió de afán y se alejó. Dice el anciano: No puede ser monje ni siquiera hombre uno de estos que creen sufrir porque hacen sufrir mucho.

102. Abba Hilarión dice un día: Ser triste es casi siempre pensar en uno mismo.



103. Acerca de la virtud, dice el beato Giovanni: “Una virtud que no ha tenido nunca una tentación, no es virtud, es sólo una hipótesis.



104. Dice Abba Hilario: “Ser triste es casi siempre, pensar en uno mismo.”



105. En una disputa, un hermano fue a consultar al grande Daniel. Le dijo: Yo trato de ser imparcial. El anciano respondió: Sé imparcial y serás inmediatamente sospechoso.



(Tomados del libro: “Arguzie e Facezie dei Padri del Deserto, R. Kern. Ed. Piero Gribaudi C. so Galileo Ferraris, 67 Turín, Italia).

3 comentarios:

  1. Que gran riqueza gracias un saludo

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  2. MUY BUENO....
    Hoy viernes ya puedes pasar a buscar el premio regalo de los 500 seguidores de Estoy a tu lado.
    Con ternura
    Sor.Cecilia

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